Turquía, de la democracia al «sultán» Erdoğan

El 29 de octubre de 1923, después de que el Imperio otomano firmara su rendición en el Tratado de Lausana como consecuencia de su derrota en la Primera Guerra Mundial, se proclamaba la República de Turquía. El proceso de fundación de este nuevo Estado estuvo liderado por Mustafá Kemal, quien decidió eliminar las instituciones religiosas del sultanato porque pensaba que suponían un obstáculo para la modernización del país. El denominado Atatürk o “padre turco” basó su reforma en el laiklik(“laicismo”), cuya visión implicaba colocar al islam bajo el control del Estado en un país de mayoría musulmana.

La Constitución de 1982

Los militares de la República de Turquía se han considerado históricamente protectores del legado laicista de Mustafa Kemal, razón por la cual derrocaron al gobierno de Süleyman Demirel mediante un golpe de Estado en 1980. El resultado de esta intervención del ejército fue la imposición de la Constitución de 1982, la cual permaneció parcialmente en vigor hasta 2014. De esta forma, según lo estipulado en esta Carta Magna, Turquía inauguraba la década de 1990 como un Estado democrático, laico, social y de derecho en forma de república parlamentaria.

El poder legislativo reside en la Gran Asamblea Nacional Turca, integrada por 550 miembros elegidos por sufragio universal cada cuatro años a través de listas cerradas y el sistema proporcional d’Hondt en los 85 distritos electorales de las 81 provincias turcas. No obstante, la barrera electoral es un importante obstáculo para la representación de la pluralidad política, ya que los partidos deben obtener un mínimo del 10% del total de votos en los comicios para optar al reparto de escaños. Asimismo, antes de las reformas constitucionales iniciadas en 2007, el poder ejecutivo era ejercido por el presidente, el primer ministro y el Consejo de Ministros y el poder judicial recaía en tribunales independientes basados en el principio constitucional de que todos los individuos son iguales ante la ley.

La mezquita de Santa Sofía en la ciudad de Estambul (Turquía) durante el atardecer
La mezquita de Santa Sofía en la ciudad de Estambul, Turquía.

Polity IV: de la democracia a la anocracia

Turquía era una democracia desde la década de los noventa hasta 2013 según el sistema de clasificación Polity IV, el cual se fundamenta en criterios como la competitividad, la apertura de las elecciones o el alcance de los controles sobre el ejecutivo. Esos parámetros se hicieron evidentes en las elecciones parlamentarias de 1992, 1995, 2002, 2007 y 2011, las cuales dieron como resultado un sistema de partidos de pluralismo limitado de acuerdo con la tipología de Sartori, puesto que la cámara legislativa estuvo formada por entre tres y cinco formaciones políticas que tenían capacidad de formar coaliciones para alternarse el gobierno.

Un ejemplo de ello es que la alianza entre el Partido del Bienestar (21,4%) y el Partido de la Recta Vía (19’6%)acordada tras los comicios de 1995 fue sustituida en la posterior legislatura por la unión entre el Partido de la Izquierda Democrática (22,2%), el Partido del Movimiento Nacionalista (18%) y el Partido de la Madre Patria (13,2%). Asimismo, en 1998 el Tribunal Constitucional disolvió el islamista Partido del Bienestar, que entonces se encontraba en el gobierno, por atentar contra el Estado laico diseñado por el “padre turco” Mustafá Kemal, lo cual hizo evidente la consolidación de la separación de poderes.

Sin embargo, tras la llegada a la presidencia de Recep Tayyip Erdoğan en 2014, Polity IV ha calificado a Turquía como una anocracia. Después de su victoria en las elecciones de 2003, el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) y su líder Erdoğan aparecieron como un ejemplo modélico de conciliación entre islamismo y democracia que llegó a entablar negociaciones con la Unión Europea para la admisión de Turquía. No obstante, después de tres legislaturas con mayoría absoluta, el AKP reformó la constitución para otorgar mayor poder al presidente, como la capacidad de designar a parte de los miembros del Tribunal Constitucional, y estableció los primeros pasos para la construcción de una república presidencialista dirigida por Erdoğan en la cual sería elegido por votación popular directa y no a través del parlamento turco.

V-Dem Index: suspenso a la Turquía de Erdoğan

De acuerdo con el Variety of Democracies Index (V-Dem Index), la República de Turquía tuvo una puntuación que se mantuvo entre 0’57 y 0’66 desde 1990 hasta el año 2013, niveles similares a los que poseían en 2014 países como Colombia (0’57) o México (0,60). Sin embargo, a partir de entonces, la puntuación otorgada por el V-Dem Index ha disminuido hasta alcanzar un 0’45 en 2016. En 2013, las denominadas “protestas de Gezi” que se desataron en este país ubicado en la península de Anatolia contra Erdoğan y el AKP fueron violentamente reprimidas. Al mismo tiempo, se estableció un férreo control en redes sociales y una amplia censura en los medios de comunicación que culminaron los ataques del gobierno contra la libertad de expresión.

En 2014, la polémica ilegalización de la formación kurda Partido Paz y Democracia acusada de estar ligada al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (en la lista de organizaciones terroristas de Turquía, la UE y EEUU) y el encarcelamiento de algunos de sus miembros supuso un duro golpe para la autonomía asociativa. Además, desde que llegó a la presidencia, Erdoğan no ha cumplido con sus obligaciones constitucionales y ha intervenido en las campañas electorales para apoyar al AKP mermando la imparcialidad de la administración pública.

D-D Index: la cuarta mayoría absoluta del AKP

De acuerdo con el Democracy-Dictatorship Index (D-D Index), un régimen político es considerado autoritario cuando se cumple al menos una de las siguientes condiciones: el jefe del ejecutivo no ha sido elegido, el legislativo no ha sido elegido o no hay más de un partido. Los datos del D-D Index sobre Turquía abarcan hasta 2008 y determinan que durante este periodo la República de Turquía era una democracia. No obstante, existe una cuarta condición por la cual un Estado puede ser considerado de “Tipo II” en caso de que el partido en el gobierno nunca haya perdido las elecciones bajo las mismas reglas electorales con las cuales llegó al poder.

En 2015, el Partido de Justicia y Desarrollo podría haber perdido la mayoría absoluta que tenía en el parlamento después de tres legislaturas. No obstante, a pesar de que en las elecciones legislativas de junio la formación de Erdoğan perdiera el control del parlamento, el fracaso de las negociaciones para formar una coalición propició la repetición de los comicios en noviembre. Durante los cinco meses que separan ambas votaciones, el presidente turco decidió romper la tregua con el PKK y se perpetró el atentado más sangriento de la historia moderna de Turquía, lo cual dio lugar a un clima de inestabilidad que favoreció al gobierno. El 7 de junio de 2015, el AKP lograba su cuarta mayoría absoluta consecutiva. Por esta razón, Turquía podría ser considerada un régimen de “Tipo II” a partir de estos sufragios.

Freedom House: golpe a la libertad

La organización no gubernamental Freedom House, la cual publica un informe anual en el cual evalúa el grado de libertades políticas y civiles de cada país, ha calificado a Turquía como un Estado “parcialmente libre” desde 1990 hasta 2016. Tanto durante el periodo dominado por Erdoğan como durante etapas anteriores, organizaciones como Amnistía Internacional o Reporteros Sin Fronteras han informado sobre la detención de activistas, dirigentes sindicales y estudiantiles, periodistas y miembros de la oposición. Ahora bien, la culminación de la represión política y civil se produjo en 2016, tras el intento fallido de golpe de Estado. La reacción de Erdoğan fue el despido de más de 100.000 funcionarios, la clausura de más de 150 medios de comunicación y el encarcelamiento de 13 diputados de la formación kurda Partido Democrático de los Pueblos (HDP).

El análisis de los indicadores analizados apunta que, si en épocas anteriores Turquía era un país relativamente democrático, en la actualidad esta calificación ya no es correcta. El modelo surgido de la hegemonía del AKP y el liderazgo autoritario de Erdoğan ha tenido como resultado la eliminación del sistema de checks and balances propio de una democracia, la degradación de la pluralidad política del país euroasiático y el ataque contra el derecho a la libertad de expresión y manifestación. De hecho, tal y como le bautizan los medios opositores, todo parece indicar que Recep Tayyip Erdoğan está encaminado a ser el nuevo “sultán” del país.